Barcelona tiene Venus

Venus de Barcelona

Así como otras ciudades tienen su venus, Barcelona también posee la suya. La venus de Barcelona es una venus púdica, muy femenina y está hecha de bronce macizo. Se supone que está saliendo de un baño, pues se tapa con una sábana, tiene el cabello recogido en un moño y no tiene pies, por lo que éstos podría imaginarse que están sumergidos en agua.

Una escultura exquisita a la que todavía no se le ha puesto edad. La encontró un albañil, Joan Morales, en el año 52, a poca profundidad del suelo en una travesía que comopone la calle Manuel Sancho y desde entonces nunca se han definido sus orígenes. Hay opiniones de todo tipo, pero la que me gustaría creer es que es de origen romano, pues hay arqueólogos que la datan del s. I dc.

Esta bella escultura, escondida al público, duerme en los archivos del Museu d’Història de la Ciutat. Podríais verla justificando que se quiere realizar un estudio al respecto.

¿Vamos a despertar a la venus de Barcelona?

4 pensamientos en “Barcelona tiene Venus

  1. antoni jaumot

    la venus, de barcelona, se me concedio, por el excmo ayuntamiento de barceloa,por ser el creadorde modas mas destacadodel año 1970, promocionando, la ciudad y sus modas. acto celebrado ” jardinesdel museo de la ciudad “, en fecha 5 octubre 1970.
    por cierto , la copia de la misma , la tiene su alteza la princesa sofia,

    Responder
  2. Voltaire

    Recibo una carta de un abogado barcelonés, amigo de mi querido Fra Bertrán y también mío, en la que me habla de una venus inusitada, incluyendo su fotografía. !Ah, que delicadeza! Maître mmm, me dice:

    “Me cuesta creer que la Venus de Barcelona todavía no se haya convertido en un símbolo de la ciudad. Pocas tienen “su” venus (a pesar del artículo, me pregunto cuáles). Sí existen venus de autor, como la de Milo.

    Con motivo de conocer su paradero, paso previo a sugerir su conversión en icono de la Ciudad Condal -antes era visible y ahora no: ¿por qué?, ¿se había perdido con las reformas del Museo?, ¿algo peor?-, me atreví, monsieur, a ir en pos de la Venus de Barcelona. De esta forma, me dirigí a un responsable del Museu d’Història (ya localizaré su nombre y cargo, no me acuerdo): la escultura existía. Uf! Aunque tenía asignado un número en el sótano de los recuerdos (tampoco ahora dispongo de él). Hablamos tranquilamente. ¿El funcionario lo recordará?:

    “Hay otros símbolos de la Ciudad”, dijo.
    “Pero éste es más antiguo, no cree?”, contesté. ”
    “No es seguro que sea romana…”, prosiguió.
    “¿Y qué, no es fácil disponer de un icono así, con mucha más solera que la Dama del paraguas, la Font de Canaletes o el monumento a Colón…? Además, continué, ¿hemos de limitarnos? En este caso, ¿quién marca la frontera?, ¿no considera que popularizar objetos arqueológicos, artísticos y singulares, es positivo para la cultura y para la misma ciudad?”. “Promocionar es dar vida, ocultar es condenar a la nada”.

    “Me gustaría verla”, concluí pretendiendo levantar el velo de mis dudas.

    Aquí cayó el telón o mejor, mon ami, la barrera burocrática. La conversación concluyó con una negativa, no sin buenas maneras. Debía justificar no se qué y solicitarlo. ¿Ser un experto?, ¿no era mucho que un ciudadano se interesase por aflorar tesoros ocultos, dando a la vez ideas? No. Cuanto menos, celebré que no hubiese desaparecido. Aunque invisible, me dije, !todavía existe! Pero es como si hubiera vuelto al hoyo en donde fue encontrada.

    ¿No sería bonito verla en un lugar destacado a la entrada del Museo d’Història, precediendo las ruinas de la ciudad romana?

    !Qué suerte que mi interlocutor y su equipo puedan desempolvarla de vez en cuando, verla e incluso tocarla. Claro que: ¿tienen tiempo? En cualquier caso, me satisface que una aristocracia pueda hacerlo. ¿O no es actualmente, monsieur, una aristocracia la clase privilegiada que tiene el trabajo asegurado?

    Sin duda me quedan la libertad y las ganas de exigir, como ciudadano: exhíbianla, puñetas!, aunque no sirva de nada. Me pregunto cómo hacerlo. No soy vocero de nadie, sino de mí mismo, lo que es igual. Dada su notoria influencia, me atrevo a pedirle que haga cuanto esté en sus manos para que la Venus de Barcelona resucite como Lázaro y se convierta en un símbolo de Barcelona.

    Suyo, etcétera.”

    Tendré que ponerme en contacto con Fra Bertrán (que conoce bien a Muriel Casals, profesora de economía de la UAB y Presidenta de Omnium Cultural, de la que tantas veces me ha hablado), para saber cómo podría iniciarse una campaña. Ella es experta.

    Mais oui!, cuando vuelva a Barcelona, exigiré ver a su venus aunque me cueste una cena en el mejor restaurante.

    Monsieur de Voltaire

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *