Titelles Sebastià Vergés, títeres con historia

Las titelles Sebastià Vergés continúan actuando después de más de 100 años de historia. La saga familiar sigue al frente de este pequeño y apasionante negocio.

Cartel Titelles VergésYa han pasado más de 100 años desde que Sebastià Vergés creara su compañía de títeres (titelles en catalán). Empezó con 10 años como aprendiz de Jaume Anglés i Vilaplana (la saga titiritera con más historia) y recibió influencias de famosos titiriteros de la época que le ayudaron a consolidar su técnica y secretos del oficio.

Sebastià Vergés amb en cu-cut i en banyetaDespués de tres generaciones, su nieto Sebastià Vergés i Martínez continúa a día de hoy con el mismo entusiasmo que su abuelo. Ha recuperado obras antiguas y ha creado nuevas producciones además de traer alguna innovación a sus marionetas que ahora pueden mover los ojos y la boca manipulados con una sola mano. Junto con Montserrat Albalate mantienen viva la compañía y han creado nuevos montajes como “L’aniversari de la senyora Antònia”, “L’invent del professor Ximplet” o “La Laia i l’avi Vicenç“.

En la casa dels Entremesos los podemos ver actuar como mínimo una vez al mes con su repertorio infantil más clásico. Utilizando viejos personajes que nunca envejecen como el Cu-cut o el demonio Banyeta.

En ese mismo espacio, en la pequeña sala Oval, podemos ver una exposición cedida por la familia. Se trata de un teatrillo de 1939 y de unos 20 títeres que recorren la historia del tradicional títere catalán.

El titella catalán, es una marioneta que tiene su propia técnica, ya que se manipulan los brazos con el dedo pulgar y meñique, y la cabeza y hombros con los tres dedos del medio, a diferencia del títere internacional.

Guante Titella Català

Esta exposición es una pequeña delicia. Sin embargo, creemos que la larga tradición titiritera de Barcelona y los baches y cambios que ha sufrido a lo largo de la historia se merecería un buen espacio dedicado a la trayectoria del titella català.

Un poco más sobre els Titelles Sebastià Vergés

Pequeño reportaje de tv3 “100 anys de titella català amb Titelles Vergés

Agenda de espectáculos.

También los puedes contratar para que vengan a una fiesta, comunión o lo que sea.

Casa Amatller | Barcelona modernista

Casa Amatller, modernismo barcelonaLa Casa Amatller recupera su esencia modernista después de las obras de restauración efectuadas en el piso principal.

El día 12 de marzo de 2015, coincidiendo con el día en que, en el año 1898, el chocolatero Antoni Amatller compró un edificio pre-existente para convertirlo en una de las joyas del Modernismo, se presenta la casa Amatller después de una restauración que le ha devuelto su esplendor original.

Comienza así una nueva etapa para la Fundación Instituto Amatller de Arte Hispánico, con el reto de gestionar eficazmente un equipamiento cultural tan extraordinario como es la Casa Amatller y ofrecer a la ciudadanía unas visitas apasionantes que contribuyan a difundir el contexto histórico, económico y social que dio lugar al Modernismo.

El modelo estándar será el de una visita acompañada, en grupos reducidos (12 personas como máximo), siguiendo un recorrido preestablecido. Tendrá una duración de poco menos de una hora.

Horario de visita: de lunes a domingo de 11h a 19h con reserva previa. Los días 1 y 6 de enero y 25 de diciembre no habrá visitas.
Teléfono: 934 617 460 (próximamente se habilitará la venta on-line)
Precio: 15€ (hay descuentos para seniors, estudiantes, niños y amigos de la Casa Ametller)
Web oficial casa Amatller.

En los bajos del edificio, en los espacios donde se conserva la cocina del piso principal y donde se ubicaba la vivienda del servicio y el garaje del propietario, se instalará una cafetería en la que se podrá degustar chocolate desecho, según recetas históricas. También habrá una tienda con publicaciones, fotografías, postales, objetos de recuerdo relacionados con la Casa Amatller y productos de chocolate.

Un poco de historia sobre la Casa Amatller

El 12 de marzo de 1898, el industrial chocolatero Antoni Amatller Costa (1851-1910), compró una finca de 1.415 m2, en el número 101 (después 41) del Paseo de Gracia de Barcelona, consistente en una casa de planta baja y cuatro pisos y un jardín de poco más de 800 m2. Pagó por ella 490.000 pesetas. Era un edificio construido siguiendo las pautas marcadas en el plan Cerdà.

El empresario encargó la remodelación del edificio que había comprado, con objeto de convertirlo en su residencia, a Josep Puig i Cadafalch (1867-1956). Formado en la época de la Renaixença, el arquitecto, político e historiador del arte tenía una particular concepción arquitectónica. En sus escritos explica que Cataluña era un país que había sido una de las potencias del Mediterráneo medieval y que, después de superar varios siglos de decadencia, a lo largo del siglo XIX, gracias a la industrialización, había recuperado su potencial económico. El país necesitaba proyectar una nueva imagen, por medio de una arquitectura moderna que pusiera de manifiesto el empuje que la sociedad catalana había recuperado. Para conseguirlo era indispensable contar con la colaboración de los talleres artesanales que, resucitados y fortificados por el renacimiento literario e histórico, conformaban un colectivo capaz de convertir los proyectos de los arquitectos en realidad.

manzana de la discordia 1898
Manzana de la discordia 1898
A partir de una postal ATV © Institut Amatller d’Art Hispànic
manzana de la discordia 1906
Manzana de la discordia 1906
A partir de una postal ATV © Institut Amatller d’Art Hispànic

En la nueva fachada, con connotaciones a estilos de épocas muy diversas (desde el románico al barroco), el arquitecto rehuyó de la alineación vertical de sus componentes, distribuyendo un número desigual de oberturas en cada piso, y buscando, además, un efecto de asimetría equilibrada y de una irregularidad ficticia. El singular cabezal escalonado que la corona, cumple la función de integrar el nuevo estudio fotográfico construido en la azotea (que por normativa debía estar separado unos metros de las fincas vecinas) con el resto del edificio.

Puig i Cadafalch dio a la fachada un importante e innovador componente cromático y una profusa decoración con elementos escultóricos que configuran un rico discurso iconográfico. Se conjugan alusiones al nombre de la familia (Amatller, ramas floridas de almendro con As mayúsculas, en la tribuna un verso de Dolores Monsardà -suegra de Puig i Cadafalch-), referentes tradicionales (San Jorge, el dragón y la princesa), las aficiones del propietario (pintura, escultura, arquitectura, música, fotografía) o, muy especialmente, alrededor de las tres puertas balconeras, un retrato alegórico del mismo Antoni Amatller formado por imágenes simbólicas de las tres actividades que mejor lo definieron: la industria, las artes (entre ellas la fotografía) y el coleccionismo de vidrio arqueológico.

La construcción de la nueva fachada de la que desde entonces sería conocida como Casa Amatller, significó una ruptura radical con los planteamientos arquitectónicos imperantes en el Eixample de Barcelona hasta el momento. Contrastaba de manera contundente con las edificaciones vecinas por su altura (superior a los 22 m normativos), su composición y su cromatismo. Esta nueva tendencia se propagó rápidamente por toda la ciudad y, en muy pocos años, transformó su aspecto. La coincidencia en una misma manzana de obras de los tres arquitectos más destacados del corriente Modernista, Puig i Cadafalch, Domènech i Montaner y Gaudí, dio pie a los barceloneses, con una fina ironía y buen conocimiento de la mitología clásica, a bautizar tan singular grupo de casas con el nombre de la “Mansana” de la Discòrdia, en alusión al origen de la guerra de Troya.

Después de la muerte de Teresa Amatller, en el año 1960, sería Josep Gudiol quien dirigiría la adaptación de un piso, que hasta ese momento había sido un domicilio particular, como sede de la fundación heredera del patrimonio de los chocolateros. Respetando los interiores concebidos por Puig i Cadafalch, el director de la fundación reubicó las colecciones artísticas y el mobiliario original en las estancias que dan a Paseo de Gracia.

Plazas de toros de Barcelona

La declaración de Barcelona como ciudad no taurina acabó con las corridas de toros y dio paso a la imaginación con las dos plazas existentes para tal efecto, las Arenas y la Monumental. Ambas fueron construidas con el tradicional estilo neomudéjar y dado su valor histórico han mantenido su aspecto exterior dando un nuevo servicio a la ciudad.

La Monumental, construida en 1914, originalmente se llamaba plaza de El Sport con un aforo superior al de las Arenas de 19.582 espectadores que posteriormente se amplió a 24.000. En 1977 pasó a ser la única plaza de toros en activo. El 28 de junio de 2010 se abolieron las corridas de toros en Cataluña con la aprobación del Parlamento Catalán por su carácter cruel. De todas formas esta afición ya había tenido un retroceso importante para entonces.

Plaza de toros la Monumental, Barcelona

Hoy en día este espacio acoge “El Museo Taurino de Barcelona“, uno de los más completos relacionados con la tauromaquia, donde se exhiben carteles antiguos, trajes de toreros famosos,  cabezas de toros, fotografías, documentos históricos, una biblioteca y otros objetos relacionados con la actividad. También se siguen haciendo espectáculos musicales y de circo. Como curiosidad, la familia Balañá, propietarios del coso, estuvo negociando con el emir de Qatar para vender y reconvertir la plaza en la tercera mezquita más grande del mundo, después de las de La Meca y Medina. El proyecto de megamezquita, que se quedó en anécdota, hubiera tenido una capacidad para unas 40.000 personas y un minarete de 300 metros de altura.

Dirección : Gran Via de les Corts Catalanes, 749, 08013 Barcelona

La plaza de toros las Arenas data de 1900 y se construyó para aumentar el aforo de la ya existente plaza en la Barceloneta, El Torín, pequeña plaza derribada en 1944, que estaba situada en lo que ahora es la sede central de Gas Natural. Las Arenas fue construida por el arquitecto August Font i Carreras y tenía una capacidad de 14.893 personas. El ruedo tenía 52 metros de diámetro, y era una de las mejores plazas de toros de España, aunque también fue testigo de otro tipo de eventos sociales y deportivos.

Plaza de toros Las Arenas, Barcelona

En el 1977 se celebró la última corrida, y durante treinta años la plaza estuvo a la deriva hasta que en el 2011 se inauguró como centro comercial manteniendo la fachada que se sostiene por grandes pilares.

Dirección: Gran Via de les Corts Catalanes, 373-385, 08015 Barcelona